ENCINTA
Tamar, envuelta en su tristeza, se echó a llorar.
Se acarició la tripa,como acunando al niño no nacido.
Todas las pruebas médicas apuntaban a que el pequeño Tarek sería ciego.
- Mal de ojo- le decía su madre- Eso son las envidias-
Al principio, ella no lo creía. Pero, ahora, comenzaba a asustarse.