MALAS NUEVAS
A veces, las malas noticias vienen en grandes sacos.
Una semana después de enterarse de la posible ceguera de Tarék, una resonancia revelaba que el feto padecía soriasis. Su piel, como sus ojos, estaba enferma, débil, sin defensas...
Al llegar a casa, Tamar se derrumbó en una silla de mimbre. Su cabeza volaba, desnortada.
-Soy mala tierra, inútil. Nunca podré darle un hijo sano- pensó, acelerando la respiración, y con el pulso descontrolado, antes de desmayarse, afectada por un golpe de calor.
Chinca C.Salas R dijo
Muy interesante el articulo, refleja la esterilidad, la amargura honda, muerte, nos lleva por el misterio de la reproducción, sus necesidades, conveniencia, la preservación de la especie.
MUY BUENO, bien dicho.
Un beso, un fuerte abrazo, te tengo como amiga
chinca
27 Diciembre 2011 | 08:33 PM