EL ARMA DEFINITIVA
El general repasó la cabeza de su cobra con dos dedos.
Imoteb,su peculiar mascota, siseó la carantoña, entre vigilante y complacida.
- Señores, la inmensidad hace vulnerable al imperio más poderoso- ESPETÓ Abdel Cadés, con su voz cenicienta, de vidrio roto- - Nadie, si es eso lo que piensa, se atrevería a cuestionar que usted es el Gran Faruk africano- proclamó el emisario de Nigeria, con labios sibilinos-
- Sé que tú no, Hadir- mintió Cadés, con una frialdad pasmosa- No obstante, hay 21 demarcaciones que no se han presentado. Quizás, ya no me consideran su guía.
El aire cayó, a plomo, sobre las rizadas cabezas, que se agacharon, temerosas de no salir de allí en sus respectivos hombros.
- Por eso- continuó el sátrapa- necesito un arma disuasora.