DOS VIDAS
El blanco lo dominaba todo, tras la puerta 338. El ambiente era aséptico.
A Hasán, tan hecho a olores de laboratorio, le abofeteó, sin embargo, el hedor a hospital. Además, ver a su joven esposa entubada no le agradaba.
No obstante, el nudo en la garganta se le disipó, encuanto los ojos grises de Tami le sonriéron.
Has miró el ecógrafo con preocupación. Mas, se alivió, al comprobar que ambos corazones latían fuerte.