LA NOCHE DE LAS HIENAS
La noche latía oscura, como una enorme pantera, al acecho de un bocado incauto.
Hacía ya 3 horas que imperaba el toque de queda. Por la calle, ni un alma, ni un susurro, excepto el suave deslizamiento de los H.D.X., aerodeslizadores, sobre los que iban ciborgs, mitad hombre, mitad máquina, armados con brazos ametralladores.
Era difícil que algo escapara a sus visores ultrasensibles o a su detector de calor y movimiento.
Y, sin embargo, por extraño que parezca, aquella madrugada, una sombra embozada se les escabuyó. Dio 5 golpes ligeros a una puerta desvencijada.
- Estoy hambriento- exclamó la sombra-
- Entra, hay pan de centeno y cerveza.