ESPERANZA
Hasán tomó a aquella delicada criatura entre las manos. Temblando de miedo, pues, era la primera vez que el bebé salía de la incubadora, lo acunó, quedamente, suspirando, aliviado de ver que sus pulmoncitos funcionaban perfectamente.
El abrumado padre padre tenía, sin embargo, una tristeza: Tarek nunca vería su rostro.
Hasán, con un nudo en la garganta, improvisó esta nana:
- Mi niño pequeñito camina a oscuras. Le canto una nanita de luz y espuma-
Al oír el cantito, el crío dirigió la carita hacia la voz y, estirando su diminuta palma, acarició la orgullosa mejilla de su padre.