EL NIDO DE LA COBRA
Has alzó la cabeza. El TAHLUHAL, complejo de edificios oficiáles egipcio, era imponente.
El intrincado trayecto de acceso, una extensa red de magnetorretéras secundarias, en las cuales, el music-audioset, el navegador y el resto de aparataje electrónico del transpoiler, se ralentizaban, debido a los inhibidores de frecuencia, gritaba: Estás entrando en zona restringida.
Por si eso fuera poco, a 21 k.m. del destino, empezó a ver a los Mofats, unas criaturas, cuasimitológicas, el pueblo hablaba de ellos, les temía, pero, pocos les habían visto.
Estos seres antropomorfos, de cuerpo atlético, tenían una piel membranosa, potentes ancas, tronco de sapo y cabeza de cobra.
Has no supo si sentir miedo u asco, cuando vio a uno de esos engendros desenrollar una larguísima lengua bífida, para tragarse una mosca despistada.