EL TENTADOR
Después de esquivar 3 cepos, 2 derrumbes de muros falsos y 7 láseres hipersensibles, lo que dejó exahusto a Has, las inmensas, resonantes y, aparentemente eternas, paredes de roca calíza, dieron paso a una bramante catarata.
El hombre, temeroso de ahogarse, tras el magnífico dique de agua, dudó un segundo. Pero, los vigorósos mofats cruzaron sin miedo, asiéndolo, de brazos y piernas, dado que el prudente científico seguía petrificado.
De repente, una sonora risotada inundó los oídos de Hasán.