CELDAS
La luna de septiembre brillaba, allá, en lo alto, como un presagio azul e inesperado.
Desde su celda, Mardúk podía verla refulgir, destellando esperanza. Aquella era una de las contadas libertades que le quedaban.
Otra, la segunda y última, era asfaltárse los pulmones con AKRÍS, un tabaco barato, que se pagaba, a precio de oro, en el patio.
La cárcel de Omrhú, sin aquellos 2 semiescapes, LA RATONÉRA, así era cariñosamente apodada, por los internos, la vieja prisión, hubiera resultado irrespirable.
Y eso, que él tenía suerte, pues, sólo compartía zulo, porque a aquella pútrida y nímia estancia no se le podía llamar de otro modo, con 7 hombres, sus orines y sus heces.
De repente, la madrugada, que, inusualmente, transcurría tranquila, fue rasgada, por un agudo y prolongado grito, que degeneró, minutos después, en horrendos rugidos, que aterrorizaron a los más duros homicidas, recluídos en la torre este. Krul, el más violento y sanguinario mofat, había sido creádo.