EN LA BOCA DEL LOBO
Aterrizaron, sin mayores incidencias. Un descenso suave y cadencioso.
Agmed asintió con la cabeza, satisfechó, pues veía que las jóvenes manos de Sirtak se sentían seguras, a los mandos. El Cadel 1 supo, entonces, que el cadete no le fallaría.
Descargarón las cajas, que, básicamente, contenían materiales para que los esclavizados presos, en talleres hipercontrolados, realizaran circuitos básicos, para toda clase de mecanísmos eléctricos. Siempre, teniendo cuidado de no despertar sospechas sobre el embalage que contenía a Alí, su caballo de troya, que tenía que quedarse en la boca del lobo, para desactivar las alarmas, previas a la entrada del equípo táctico.
El objetívo era ambicioso: Agar y los suyos pretendían rescatar a 22 almas, burlando la extrema seguridad de La Ratonera. Para ello, deberían inspeccionar las 14 plantas, identificando las jaulas de sus compañeros y confiándo en que ningún movimiento en falso, o un preso no adscrito, les delatára.