LA CAÍDA DEL TITÁN
Era miércoles. Los drugdas, desalmados vigías, que no necesitában armas, para desenvolverse por La Ratonéra, a causa de su granítico e invulnerable cuerpo, pasáron, golpeándo los barrotes de todas las celdas, a las 06:00 A.M. Tocaba registro.
Colchónes, camástros, palanganas y huecos, tanto en la roca, como en los cuerpos de los internos, fueron inspeccionados.
Nada. Sólo, un paquete de AKRIS, en alguna que otra celda. Pero, no importaba. El tabaco, que los drugdas supiéran, no ayudaba a la gente a fugarse.
Craso error. No se dieron cuenta de que el papel de fumar de los 3 a 6 cigarros que faltában, en cada cajetílla, habían servido para difundir el mensaje que inflamaba el incipiente alzamiénto.