EXCÚSAS
Pero, aquella misma noche, sediénto de su blonda hembra, volvió, Anfitrión, a pisar la acrópolis tebána. Y halló a su infiel esposa, Alcmena, desnuda, en el tálamo nupcial.
Zéus no probó la espada del rey, pues, desapareció, en una nube translúcida.
- Tú, perra inmunda, di, dónde está el cabrón que me ha nombrado sátiro- rugió, el monarca, blandiéndo su acéro,por encima de su nívea testa-
- Hera- mintió Alcmena- me reveló, en un sibilíno sueño, que vendrías, anhelante de mí. Por eso, estaba aquí, como recién nacida, esperando a mi rey y marido.