DEFENSA
Le tocó el turno a Herácles. Se enfrentó a los jueces y, teatralmente, rasgó su túnica, diciendo:
- Aquí está el hombre. Desnudo e indefenso, ante vosotros. Ni mi padre me auxilia. Él está avergonzado de mí, y no vendrá. Quizá piensa que he mancillado su sangre.
Sí, maté a Lino, con éstas, mis manos. Pero, fue en defensa propia.
No, no me hizo nunca heridas que mi cuerpo no soportase. Pero, juro, por Radamanto, juez implacable de los muertos, que su lengua me hizo más daño que mil golpes. Ahora, estoy psicológicamente destruído y mi cabeza es un pozo negro, pues, todos me repudian. Tal vez, no quiera, Zéus que yo descanse. Sea, pues.