ESPERA
Ocho nochesesperó, Herácles, al enorme animal, que, sin embargo, no hizo acto de presencia. Ni por allí, ni en las granjas circundantes, del termino de Citerón, había vuelto a verse al félido, ladrón.
No obstante, aquello no relajó el ánimo de los lugareños, quienes, madrugada a madrugada, inspeccionaban la zona, encabezados por el joven semidios, con antorchas, rastrillos y palos, determinados a que esa fiera no se comiera su sustento.
Pero, durante la semana de caza, la oscuridad pareció aliarse con el depredador, de modo que no lo vieron.