CARA A CARA
Una luna pasó, sin que el león posase sus zarpas sobre las reses. Pero, con la luna nueva, la sangre volvió a teñir el campo. Esta vez, Silas fue el perjudicado. El viejo perdió tres torillos y dos cabras preñadas. Siete cabezas, si contamos los fetos.
El pastor, desolado, se levantó, y, ante sus convecinos, hizo esta súplica a Herácles:
- Oh, tú, gran semidios, gigante, entre nosotros, ablanda el rostro de tu divino padre, y que muestre al león, para que podamos...- Antes de que Silas acabara su parlamento, un rugido atronó la estancia-
Los ganaderos, paralizados por el terror, parecían piedras. Pero, Heracles, que no temía, salió, para ver a su adversario, cara a cara.